Echando la vista atrás, caemos en la cuenta de que al hablar de Cuaresma nos referimos a una institución que tenía que ver con el comer, más concretamente con el no comer, de modo que aquellos antepasados nuestros que vivían en la abundancia quedaban así igualados con los que vivían en la pobreza, e igualándolos de ese modo con los pobres.
La propia celebración del Carnaval se convirtió en la fiesta de despedida de la carne. De ahí que se procurase
gozar de ella todo lo posible en esos días; no sólo porque iban a seguir 40 días en los que la religión les iba a
prohibir catar la carne, sino también para desquitarse de los largos ayunos de carne que la pobreza les imponía durante
todo el año. Y bien, entrando en la materia prima de la fiesta, que era la carne, se instituyó el Jueves Lardero,
inventado ni más ni menos que para iniciar solemnemente la tanda de días en que había que aprovechar para hartarse
de carne, a fin de no echarla en falta durante la inminente Cuaresma.
Lardero es un adjetivo procedente del antiguo lardo, que es el tocino o gordo (que así se llama también el sebo o manteca del animal), es decir, la grasa. Y esto era lo que en especial caracterizaba al Jueves Lardero, el abundante consumo de esta carne o de sus productos secundarios. Fue típica de este día, por ejemplo, la tortilla de chicharrones, que la comían en el campo, sobre todo los niños que iban a la escuela, para los que éste era un día de gran fiesta, en el que además empezaban a lucir sus disfraces. Pero éste no es más que el último reducto de una fiesta que, en sus momentos de esplendor, las primeras comparsas del Carnaval iban de casa en casa y a los mercados pidiendo carne o lo que buenamente pudieran dar, para celebrar esta comida.
En nuestro pueblo, firme seguidor de las tradiciones, procuramos mantener también el arraigo de esta a la que nos
referimos. De modo que, año tras año, se va celebrando el día de Jueves Lardero o día de la Tortilla.
Así, cada día 5 de Febrero, el panadero en su horno prepara los panes llamados BODIGOS que, con su forma circular se presentan como los más adecuados para recibir luego la deliciosa tortilla en su interior. Y de esta manera preparada la vianda, se coloca sobre un pañuelo, atando los cuatro nudos a forma de talego y, junto con una naranja, según marca la costumbre, los lugareños que gustan de celebrar esta tradición se dirigen a algún paraje del término que se les antoja adecuado y comparten allí la susodicha tortilla.
Cuando el día de Jueves Lardero coincide con un día laboral, las madres de los alumnos de nuestra escuela preparan
para los pequeños la tortilla tal y como hemos explicado más arriba y convierten este día en una jornada de fiesta en
el campo.
De nuevo, el interés patente de nuestro pueblo por nuestra historia y la vigencia de esta no tan solo en la memoria, sino en nuestro día a día, ayuda a que nos sintamos un poquito más orgullosos.