Esta Web está creada por y para los lupianeros, para y porque el pueblo avance con las nuevas tecnologías.
Web patrocinada por el Ayuntamiento de Lupiana
Imagen de cabecera de página: foto difuminada de una vista del pueblo con la sobreimpresión de las letras de www.lupiana.net.
Historia de Lupiana
(Apartado en obras: Pendiente de terminar)

Lupiana

La Villa de Lupiana se encuentra a tan sólo 15 kilómetros de la capital de provincia, Guadalajara. Está enclavada en el fértil valle del río Matayeguas, entre la confluencia de éste y del arroyo de La Parra.

Lupiana está en un entorno natural típico de la Alcarria, es decir, rodeada de pequeños valles y terrenos aluviales que ascienden hasta el llano que forma la Meseta. Las estrechas y alargadas vegas que escoltan al Matayeguas siempre han sido intensamente cultivadas. En el llano predominan la alternancia de olivares, cereales y en tiempos no muy lejanos las viñas; hay que destacar igualmente las pequeñas manchas de encinas y roble quejigo.

Pasado de Lupiana

Los datos más antiguos que nos demuestran las presencia del hombre en esta zona, se encuentran en el paraje denominado El Castillo, el cual es una mesa caliza, que se levanta a unos 800 metros sobre el nivel del mar, entre las confluencias de los ríos Ungría y Matayeguas. Sería la ubicación idónea para el asentamiento de una comunidad tipo castro, por su fácil defensa, a causa de su altura sobre los valles. Los fragmentos hallados corresponden con dos prospecciones llevadas a cavo en los veranos de 1992 y 1996. Los elementos son propios de la Edad del Bronce (1800 a. C. -250 a. C.) y nos indican a pensar que estas comunidades se mantuvieron hasta la llegada de la cerámica a torno, ya en la Edad del Hierro (1250 a.C. 700 a. C.). Hasta el momento no se han encontrado en esta zona restos de materiales romanos.

El Ara Votiva

De la Edad del Hierro pasamos al siglo II d. C., ya que en 1965 un vecino halló un ara votiva (altar) romana. Se trataba de una pieza "con zócalo de doble moldura, y cornisa de ángulos abiertos en bisel, formando la parte superior de la pieza una pirámide truncada e invertida. Se remata en su parte superior por una doble voluta simétrica hacia el frente, con focus central en la cara horizontal".

Lo interesante de la pieza es la inscripción que mostraba, no sin algún conflicto sobre la interpretación:

"Iovi Op(timo) /
Ma(ximo) Lup(i)a /
nus Aper /
V(otum) L(ibens) M(erito) S(olvit)".

Curiosa es la coincidencia entre el nombre del dedicante, Lupianus, , y el nombre de la villa, Lupiana. Además el lugar donde se encontró conserva el topónimo de "Valdelobos", y tan sólo dista del pueblo en 1500 metros.

Desde el año 1085 la antigua Arriaca fue conquistada por el lugar teniente del Cid, Alvar Fáñez de Minaya. Pero no fue hasta los años 1118- 1157, cuando aprovechando la decadencia de los almorávides, se consolida y amplia la reconquista y repoblación de los territorios cercanos a Guadalajara, de este a oeste, organizándose los grandes centros urbanos de la época (Guadalajara, Sigüenza, Molina...) según el sistema de ciudad y tierra. Es desde la Reconquista cuando aparece Lupiana incluida como aldea del Común de Villa y Tierra de Guadalajara, y más concretamente en su sesma alcarreña.

El único resto de la época medieval, hasta ahora conocido en Lupiana, es la ermita del Santísimo Cristo del Socorro, localizada en el Monte de Pinilla, futura granja de los frailes jerónimos. Se trataba de una pequeña iglesia románica, de la que sólo queda en pié el ábside semicircular, del que arrancan los restos de muros de lo que fue la nave propiamente dicha, con una anchura equivalente a su radio. Guarda de esta manera el canon de construcción románico.

La iglesia recibe luz de tres ventanas saeteras, situadas una a otra con ángulo perspectivo de 90 grados, que se localiza en el eje central de la iglesia, el cual apunta casi exactamente la dirección Este- Oeste, con la cabecera en el lado oriental. La puerta de ingreso, en la construcción original, estuvo situada en el mediodía, aunque al adaptar la nave a su aspecto actual, en forma de pequeño patio, se ubicó donde en otro tiempo estuvo el arco triunfal del ábside.

Sobre Pinilla y el origen de Lupiana

Sobre Pinilla hay poca documentación. Los vecinos del pueblo siempre han comentado que fue una pequeña aldea, la cual se abandonó a causa de una peste. Los mismos vecinos del pueblo, nos hablan en 1580 del paraje y los llaman ya despoblado, aunque especifican que antes fue población. Lo que es probable que sucediera es que al desaparecer como entidad urbana, quedaría convertida en granja de campo del monasterio jerónimo de Lupiana. Granja que dependía eclesiásticamente del mismo sacerdote que se ocupaba de la parroquia de Lupiana.

La aldea de Lupiana (todavía no tenía el título de villa), desde el primer cuarto del siglo XIV, más concretamente a partir del año 1330, estará influenciada y bajo la sombra del Monasterio Jerónimo de San Bartolomé el Real. Por esta razón es necesario que se exponga, aunque de manera escueta, unas breves reseñas sobre la historia de esta Orden.

En el año 1330, el caballero don Diego Martínez de la Cámara, había fundado en un cerro de Lupiana una ermita bastante amplia en honor al apóstol San Bartolomé, siendo enterrado en ella cuando murió en el año 1338.

El sobrino de don Diego, don Pedro Fernández Pecha, solicitó en compañía de otros ermitaños (su hermano Alonso y Fernando Yánez de Figueroa) las dos capellanías con la que contaba dicha ermita. Solicitud que les fue concedida en 1370 por los alcaldes y concejo de Lupiana, patronos de la misma. Concesión que fue también aprobada por el arzobispo de Toledo, don Gómez Manrique.

Este pequeño grupo de ermitaños decidieron regirse por una regla que superara a la de San Francisco y Santo Domingo, basada en los principios de San Jerónimo. Fueron Pedro Fernández Pecha y Pedro Román los que viajaron a Avignon y expusieron ante el Papa Gregorio XI sus deseos de vivir comunitariamente bajo la advocación de san Jerónimo. Deseo que fue aprobado por el Papa, tras exponerlo ante el cónclave de cardenales, aunque les dio para ello la regla de San Agustín. La Bula fue concedida el día de San Lucas de 1373.

Llegaron ambos monjes a Lupiana el 1 de febrero de 1374. El primer objetivo de la Orden fue el de construir el monasterio de Lupiana, y más concretamente el claustro, capillas donde decir misas y un cementerio donde enterrarse.

Pedro Fernández Pecha, ahora Fray Pedro de Guadalajara, tan sólo estuvo el primer año como prior del monasterio de Lupiana, cargo que después ocupó Fray Fernando Yánez. Este nuevo prior, pobló en 1389 la Casa de Guadalupe con 31 monjes jerónimos de Lupiana. Fue en esta nueva casa donde en 1415, se reunió por primera vez el Capítulo General de la Orden. El prior de Lupiana era en aquel año Fray Diego de Alarcón, que salió elegido como Superior de los Jerónimos españoles. Se adoptó en ese primer Capítulo la costumbre de que ambos cargos se mantuvieran unidos en adelante, reuniéndose cada tres años el Capítulo General de Orden en el Monasterio de San Bartolomé de Lupiana. Durante más de cuatrocientos años se mantuvo este rito trienal.

El Monasterio de San Bartolomé

El monasterio de San Bartolomé adquirió sus máximas cotas de preeminencia política y económica durante el siglo XVI. En el año 1569, Felipe II acepta el patronato de la capilla mayor su iglesia. Año en el que también concede el título de villa a Lupiana, con jurisdicción propia, al tiempo que entregaba al prior y frailes del monasterio jerónimo la prerrogativa de nombrar alcalde mayor, alguacil, escribano..., así como el resto de cargos del Concejo. Establecía de esta forma un señorío de abadengo a favor del monasterio, hecho excepcional en el reinado de Felipe II.

En el siglo XVI, más concretamente en el año 1575, Lupiana contaba con 230 vecinos. Después de 434 años, la población se mantiene prácticamente igual, con 278 vecinos.

Durante el siglo XVIII, todavía el monasterio poseía un número de rentas elevado: cobraba las tercias reales de Sigüenza y del término de Lupiana; poseía los cercanos territorios de Pinilla y de Alcohete; era también de su propiedad un molino y una tenería, que producía al año 16.680 reales; tenían además 50 mulas y unas 300 ovejas para su consumo. Obtenían también copiosos beneficios de las medicinas que fabricaban en la botica o farmacia, las cuales eran muy apreciadas en toda la región.

Haciendo un nuevo inciso, en el siglo XVIII Lupiana alcanza el mayor número de habitantes registrados de su historia, 960. La documentación de la época hace referencia a la existencia, sólo durante este siglo, de un hospital en la localidad: pertenecía al Monasterio de San Bartolomé; tenía como personal sanitario a un médico, un cirujano y un mancebo de botica; sólo disponía de una cama y "si algún enfermo se hallaba en él se pide limosna para su manutención".

En el siglo posterior, según el Diccionario de Madoz de 1847, los habitantes descienden a 676.

Durante la invasión napoleónica, periodo de horror y violencia en el resto de España, la comunidad jerónima de Lupiana se mantuvo hasta cierta manera al margen, viviendo con cierta tranquilidad.

El día 8 de marzo de 1836, a causa de la Desamortización de Mendizábal, los frailes jerónimos se vieron obligados a abandonar Lupiana, distribuyéndose por los numerosos conventos del país.

Las innumerables riquezas artísticas del Real Monasterio de San Bartolomé fueron dispersas por toda la provincia: a la actual parroquia de Santiago, algunos restos de la sillería gótica del coro. A las parroquias de Renera y Lupiana fueron a parar numerosos ornamentos, reliquias e imágenes; a ésta última se la donó la reliquia de San Bartolomé, que se veneraba en el monasterio, obra del escultor Gaspar de Ledesma, de 1616. Pero la gran mayoría de las obras que contenía la Casa Madre desaparecieron sin más. El gran archivo, se redujo inexplicablemente, a unas pocas carpetas y legajos que hoy se conservan en el Archivo Histórico Nacional.

El edificio fue adquirido por la familia Páez Xaramillo, de Guadalajara, de donde pasó por lazos matrimoniales a sus actuales çpropietarios, los marqueses de Barzanallana. Todo el conjunto monacal fue declarado como Monumento Nacional en 1931.

El estado actual del edificio deja mucho que desear: la fachada de la entrada está en un estado lamentable, toda descascarillada; la Sala Capitular, tras el hundimiento de su cubierta, fue reparada con simples uralitas de chapa; la pequeña sacristía se encuentra en estado de ruina avanzado...

Morfología de Lupiana

La villa está separada del río Matayeguas por una pequeña barbacana, realizada en piedra y cal, de ahí su nombre "cal y canto", o como lo conocen los vecinos del pueblo, "caricanto". Dicha barbacana presenta una especie de ventanas saeteras que arrancan desde el suelo, cuya función era la evacuación del agua en caso de inundaciones.

Es este pequeño muro el que acota la Plaza Mayor, grande, espaciosa, cuadrada, luminosa y minuciosamente pavimentada con losetas de piedra y guijarros, los cuales hacen dibujos geométricos tomando como centro la majestuosa Picota, símbolo de la jurisdicción de la Villa.

LA PICOTA Y EL AYUNTAMIENTO
Monumento muy apreciado en el pueblo, la Picota es una obra del siglo XVI, cuando el rey Felipe II dio el título de villa a Lupiana. Se levanta sobre cinco escalones o gradas, que sostienen una gran basa cuadrada de 1,50 metros aproximadamente de altura. Sobre ella se eleva una columna acanalada con su correspondiente basa, y en cuyo capitel sobresalen, vigilantes cuatro monstruos o "monas" aladas. La obra está rematada por un pináculo barroco con cuatro florones sobre el que se iza una cruz de hierro sobre la base del tronco piramidal.

También en la Plaza Mayor, en su lado norte, se sitúa el edificio del Ayuntamiento. Es una construcción del siglo XVIII, más concretamente del año 1766, aunque en 1985 fue reconstruido siguiendo las trazas del edificio original.

Consta la Casa Consistorial de dos pisos. El primero posee un amplio soportal formado por tres pilares y cuatro medias columnas toscanas, a través del cual se accede a la planta baja del edificio; en ella está el consultorio médico y una sala de exposiciones. El segundo goza de una larga galería sostenida por cinco columnas de madera con zapatas, sobre las que se apoyan los dinteles. Se exhibe en esta galería superior el escudo de la Villa en azulejería. En este segundo piso, entre otras numerosas estancias, cabe destacar la sala de sesiones. Todo el edificio esta rematado por una torre y un reloj con dos esferas. Sobre ésta, y sostenida por una estructura de hierro forjado, se ubica la campana.

LA IGLESIA DE SAN PEDRO APOSTOL
En la parte más alta del pueblo se sitúa la iglesia, dedicada a San Pedro. La planta en su origen podría haber sido de tipo basilical, aunque posteriormente se añadió la sacristía en la parte noroeste del edificio. Toda la construcción fue realizada en sillares regulares de piedra caliza.

Posee dos entradas, una secundaria a los pies del templo, y la principal, situada al mediodía. Ésta última es de estilo plateresco, compuesta por dos cuerpos: en el primero hay un arco carpanel apainelado enmarcado por dos columnas estriadas adosadas, sobre altos basamentos en los que se pueden apreciar restos de relieves. Los capiteles tienen una clara influencia de los del claustro mayor del monasterio de San Bartolomé, ejecutados por Covarrubias: muy deteriorados, quedan partes de calaveras, dragones.... Sobre los capiteles hay un rico friso decorado con grutescos y dragones, que custodian en el centro un cáliz. En las enjutas del arco hay sendos medallones que representan a San Pedro y San Pablo.

El segundo cuerpo lo constituye una pequeña hornacina, escoltada por dos columnillas adosadas de capiteles clásicos, rematado por un pequeño frontón triangular. En el interior de la hornacina se hallaba una escultura de San Pedro, que fue destruida durante la Guerra Civil. A ambos lados se observan dos figuras mitológicas que protegen la hornacina, una con cabeza humana y la otra con cabeza de serpiente, ambas con cuerpos de reptiles.

La torre, de planta cuadrada, se sitúa en la cabecera de la iglesia. Está dividida en dos cuerpos por una pequeña y lisa cornisa. Está rematada por nueve bolas de piedra; en una de las cuales se puede ver la fecha de su terminación, 1676.

El interior se divide en tres naves a través de arcos apuntados sustentados por columnas góticas. La nave central está cubierta por un artesonado de influencias mudéjares, mientras que las laterales, por techumbre de madera a un agua. En medio, un gran arco triunfal de medio punto da acceso al ábside, cubierto por una bóveda de crucería del siglo XV. El presbiterio presenta seis pilastras adosadas, tres a cada lado, que "sostienen" un friso corrido; tanto las pilastras como el friso están decoradas con candeliere muy bien conservado.

La sacristía, a la que se accede desde un lateral del ábside, tiene planta cuadrada, cubierta por una cúpula semiesférica, apoyada sobre pechinas.

El coro se sitúa a los pies del templo, sobre un gran arco escarzano.

LUPIANA Y SUS ERMITAS
Lupiana, hasta mediados del siglo XX, disfrutaba de tres ermitas (excluyendo la situada en el monte de Pinilla, anteriormente comentada): una dedicada a la Virgen de la Soledad; otra a San Antonio y la tercera a San Roque. Actualmente sólo está abierta al culto la primera, ya que la segunda, desde la Guerra Civil está en ruinas, y de la tercera sólo queda el solar.

La ermita de la Virgen de la Soledad se sitúa a Poniente y junto al cementerio municipal. Es un edifico de sencilla construcción y de planta cuadrada. En la fachada principal hay un pequeño porche sustentado por dos columnas toscanas Por él se accede, a través de un arco de medio punto, al interior del edificio, donde se venera una imagen de la Virgen de la Soledad. El edificio fue restaurado en el año 1988 gracias a la colaboración de los vecinos.

La ermita de San Antonio queda emplazada al noreste del pueblo, ya en sus afueras. Es un edificio de planta cuadrada, realizado en sillares regulares de piedra caliza. Del interior destacaba su cúpula semiesférica, de la que hoy sólo quedan restos. En la actualidad, tanto la administración local, la parroquia y las tres asociaciones están luchando para rehabilitar el edificio.

De la ermita de San Roque actualmente sólo queda el solar, aunque los vecinos más mayores todavía la recuerdan como un edificio de dimensiones muy pequeñas, y construido con adobe. Se conoce, sin embargo, por las Respuestas de los Capítulos de 1575, el motivo y el año de su fundación: " A los cinquenta y un capitulos, se rresponde: que en esta Villa se huelga el día de San rroque, y se boto por esta Villa de guardalle por pestilencia que vbo, y se hizo su hermita, que está junto á esta Villa, la cual se fundó en el año de mil quinientos y veinte y siete años." Esto creo que aclara nuestra curiosidad.

CASAS DE LUPIANA
Como se puede ver por lo descrito anteriormente, Lupiana es un pequeño pueblo típico de la Alcarria. Casas revocadas de cal y de colores ocres, de calles cuestudas y estrechas, de ventanas vestidas con bellas rejas de forja. Chopos y álamos que escoltan en todo su recorrido al diminuto arroyo. De montes engalanados de romero, tomillo y espliego, que desprenden su aroma, purificando el aire de todo el valle. De vegas fértiles, que se cubren con el dorado trigo en los meses de verano. Pero sobre todo, de gentes anónimas que con su trabajo diario, hicieron y hacen grande en humildad y sencillez a este pequeño pueblo de la Alcarria.

Por Eduardo Pastor

www.lupiana.net
On-line desde Noviembre de 2003
Copyright © Algunos derechos reservados
lupiana@lupiana.net

XHTML 1.0 Transitional Válido CSS Válido